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martes, 24 de marzo de 2015







El “buen conocimiento”, el conocimiento 


superior, convierte al hombre en un ser 


superior, capaz de abarcarlo todo con una sola 


mirada.






La muerte se antoja para el ser humano como esa 


insoportable incertidumbre suscitada por el no-


estar. Esa asfixiante sensación de vacío infinito 


que acaba con nuestra actividad neuronal en una 


nebulosa impenetrable; una incógnita que 


enfrenta el raciocinio a la naturaleza finita del 


hombre; la locura de augurar qué seremos 


cuando dejemos de existir, cuando el pensamiento 


se extinga y el físico se corrompa. Todo 


desemboca en un implacable agujero negro 


colmado de preguntas sin respuestas que han 


originado una heterogénea pléyade de religiones, 


doctrinas, saberes paranormales, 


fundamentalismos y vendedores de certezas 


autocomplacientes. ¿Qué hay más allá de la 


vida? 


Ahí radica la cuestión.

                                                              
                  


Cual efímera mariposa, nacemos, crecemos, en la 


mayoría de los casos, felices, y nos convertimos 


en hombres y mujeres, dejando atrás la infancia y 


adolescencia, y cabalgamos sin descanso hacia el 


declive, dejando a nuestro paso, todo aquello que 


hicimos y que sin duda alguna, dejó huella en 


todos y cada uno de los seres que pasaron por 


nuestras vidas.

Que tontos somos al pensar que el final está lejos, 

"eso a mi no me va a pasar",  nos decimos, pero 


no estamos libres de nada y todo puede pasar en 


una décima de segundo, te cambia la vida, te 


hunde en un pozo sin fondo, o por el contrario te 


convierte en el ser mas feliz que pisa la faz de la 


tierra, así es la vida, altibajos continuos, que los 


esquivamos la mayoría de las veces,


pero otras nos pilla de lleno y nos da un golpe del 


que nos cuesta levantarnos.


Pero ya decía el sabio:


NO HAY MAL QUE CIEN AÑOS DURE.


NI CUERPO QUE LO SOPORTE.    (AÑADO YO)






Resulta ilógico que, si realmente estamos 

convencidos de la idea de lo que supone la 


muerte, ese paso deberíamos verlo como algo 


positivo y por lo tanto no asustarnos sino todo lo 


contrario, debería ser una liberación.

Sin embargo hasta los más creyentes, aquellos 


que llevan vidas realmente difíciles y duras o 


cuyo cuerpo está tan deteriorado que no se puede 


ni sostener parecen aferrarse a esta vida y a ese 


cuerpo hasta el último momento.


El miedo a la muerte tiene mucho que ver con el 


miedo al cambio, si he vivido una vida en la que 


no quería cambiar ni un clip de su sitio y me he 


mantenido en la rutina constantemente aceptando 


todo tipo de situaciones que me estaban 


perjudicando con tal de que nada cambie ¿ que 


puedo pensar de la muerte que es el máximo 


cambio que me puede pasar?






La inseguridad ante el cambio se intensifica al 

pensar en la muerte, si un cambio de domicilio 


está considerado como una de las tres situaciones 


que más stress generan, ¿qué puede producir el 


no saber exactamente donde voy a residir? 


Porque si ya hemos pasado por esa puerta lo 


cierto es que no lo recordamos y no estamos 


seguros de llevar la llave adecuada encima, 


¡como si pudiéramos quedarnos a las puertas!


El miedo a la muerte, como todos los miedos 


puede llegar a condicionar nuestra vida, a 


impedir que la vivamos plenamente y disfrutemos 


de lo que queremos, ese miedo puede incluso 


llevarnos donde no queríamos ir.

Resistirnos a acudir al médico a revisarnos por si 


nos encuentran algo o a realizarnos una 


operación necesaria por miedo a morir en 


el quirógrafo puede suponer que la enfermedad 


que podría tratarse a tiempo se agrave hasta que 


ya no haya tratamiento posible.

No resulta fácil liberarse del miedo pero conviene 


recordar que lo más difícil es vivir la vida y que 


lo mejor que podemos hacer es realizar aquellas 


actividades que nos apetecen y nos dan ilusión 


porque así podremos llegar al final sabiendo que 


nuestra vida ha sido plena y no pasar de puntillas 


por el mundo por miedo porque eso realmente es 


medio vivir.





No sirve de nada dejar de hacer cosas por si la 

muerte nos alcanza porque realmente llega 


cuando tiene que llegar y de nada nos sirve huir 


de ella.. Sucede como en el cuento del hombre 


que se encontró con la muerte en una ciudad y 


corrió para huir de ella al desierto hasta una 


cueva y cuando llegó la noche se le presento La 


Muerte que le dijo: “Me sorprendió verte esta 


mañana en la ciudad sabiendo que ibas a morir 


en una cueva en el desierto.




Reflexiones aparte, la vida, hay que vivirla como 


si hoy fuese el ultimo día, disfrutar de todo y de 


todos, reír mucho, que ya bastante lloramos, pero 


sobre todo, intentar ser felices, pues

así, haremos un poco mas felices a los que nos 


rodean.






Y para acabar, un frase que leí no se donde, pero que me hace mucha gracia:

YO, no es que tenga miedo a morir, no,

solo que no quiero estar allí cuando pase.






              

                  LA HORA FINAL.

Sera así amiga: Un cierto día estando nosotros 

contemplando el horizonte, sentiremos en el 

rostro de repente el suave viento de una brisa fría.

Tú me miraras silenciosamente, yo te mirare 

también con nostalgia, y partiremos tontos de 

poesía, para atravesar la entreabierta puerta al 

frente.

Al traspasar las fronteras del miedo, yo calmado 

te diré:- no tengas miedo, y tú tranquila me dirás 

se fuerte.

Y como dos antiguos enamorados nocturnamente 

tristes y enlazados, entraremos juntos a los 

jardines de la Muerte.











Para mi dulce hada Vanessa


Nocturna: Bruja de la Noche poseedora de curar con la luz de las estrellas

bruja de la noche

bruja de la noche
Miedo al miedo.